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En los últimos años, la inteligencia artificial (IA) ha ido permeando distintos aspectos de la vida cotidiana y profesional. Desde asistentes virtuales en el hogar hasta sistemas complejos de análisis en grandes corporaciones, la IA se ha convertido en una herramienta invaluable. Sin embargo, su incorporación en el ámbito judicial plantea interrogantes éticas y técnicas que no pueden pasarse por alto. Un caso reciente en los Países Bajos, en el cual ChatGPT fue utilizado como perito, ilustra claramente este nuevo paradigma y nos obliga a reconsiderar el papel de la tecnología en la administración de justicia.
El caso que nos ocupa surgió de una disputa vecinal en la que los propietarios de una vivienda equipada con paneles solares se enfrentaron con los titulares de una construcción adyacente. El conflicto se intensificó cuando, para avanzar con su obra, los demandados utilizaron temporalmente el techo de la vivienda de los demandantes para sostener una estructura. Esto implicó el movimiento de los paneles solares, lo que según los propietarios, resultó en una pérdida significativa de eficiencia energética.
Los demandantes argumentaron que el rendimiento reducido de los paneles impactaba directamente en el subsidio que recibían por el uso de energías renovables, lo que a su vez les generaba una pérdida económica. Reclamaron una compensación por la pérdida de eficiencia y el potencial peligro de incendio generado por la baja altura de la estructura en el techo.
Por su parte, los demandados reconvinieron, alegando que sufrieron daños debido a la negativa de los demandantes a permitir el acceso al techo, lo cual paralizó la obra y generó costos adicionales.
Para resolver el conflicto, el juez del Tribunal de Distrito de Güeldres decidió utilizar ChatGPT como perito, un hecho inédito y sin precedentes en la jurisprudencia internacional. La IA fue consultada para determinar el promedio de vida útil de los paneles solares, un dato crucial para calcular la magnitud del daño y la compensación correspondiente.
Basado en la información proporcionada por ChatGPT, el magistrado calculó que a los paneles solares les quedaban aproximadamente 15 años de vida útil. A partir de esta estimación, se evaluó la pérdida de eficiencia y se calculó el monto del subsidio que los demandantes dejarían de percibir. El tribunal concluyó que la pérdida económica total ascendía a 3,323.40 euros, cifra que debía ser compartida equitativamente entre las partes.
En la reconversión, ChatGPT fue nuevamente consultado, esta vez para determinar si los materiales de construcción involucrados eran reutilizables. Esta información fue clave para definir el monto de los daños que los demandados podían reclamar.
El uso de ChatGPT en este caso plantea una serie de cuestiones éticas que merecen un análisis detenido. ¿Puede una IA, diseñada para procesar y generar texto, realmente sustituir a un perito humano en la compleja tarea de evaluar pruebas y calcular daños? ¿Hasta qué punto es confiable la información proporcionada por un chatbot, y cómo se valida su precisión en un contexto legal?
Además de las implicaciones éticas, existen desafíos técnicos que no pueden ser ignorados. La IA, aunque poderosa, no es infalible. Su capacidad para interpretar y aplicar el derecho es limitada, y su uso en el ámbito judicial requiere un marco regulatorio claro que asegure su correcta implementación.
Este caso no es el primero en el que se considera el uso de IA en la toma de decisiones judiciales. Existen antecedentes en otros países donde sistemas de IA han sido utilizados para evaluar riesgos de reincidencia o para ayudar en la determinación de sentencias. Sin embargo, el uso de una IA generativa como ChatGPT es un fenómeno nuevo que podría marcar el inicio de una nueva era en la justicia.
Es importante destacar que, en este caso, la decisión final no fue delegada a la IA. El juez utilizó ChatGPT como una herramienta de consulta, pero la responsabilidad de interpretar los datos y dictar sentencia recayó íntegramente en el magistrado. Esto subraya la necesidad de mantener un equilibrio entre el uso de tecnología avanzada y la preservación del criterio humano en la administración de justicia.
El caso del Tribunal de Distrito de Güeldres abre un debate crucial sobre el papel de la inteligencia artificial en el derecho. Si bien la tecnología puede ofrecer herramientas útiles para la toma de decisiones, es fundamental que su uso esté acompañado de una reflexión profunda sobre sus implicaciones éticas y legales. La justicia no puede permitirse depender exclusivamente de algoritmos; el factor humano sigue siendo insustituible.
Fuente: https://www.diariojudicial.com/news-98561-chatgpt-en-reemplazo-del-perito